¿Cómo involucrar a los padres en la salud mental de los hijos?
El Ministerio de Salud y Protección Social define el suicidio como toda muerte derivada de la utilización de cualquier método con evidencia, explícita o implícita, de querer provocar el propio fallecimiento. Un hecho que se ha convertido en problema de salud pública en el que la Organización Mundial de la Salud revela que al menos, 8000.000 personas en todo el mundo se quitan la vida.
De acuerdo con la estadística de Salud Nacional, el departamento del Cesar llegó a ser el quinto territorio con mayor índice de intentos suicidas en el país, mientras que el Observatorio del Bienestar de la Niñez hace seguimiento a la conducta de autoeliminación, encontrando que, durante el periodo 2010-2019, el 17% de los suicidios se presentó en niñas, niños y adolescentes entre los 5 y 19 años con un promedio de 399 casos anuales.
Para Jessica Mejía Gutiérrez, directora de programa de Psicología de Areandina sede Valledupar, la prevención y generación de alertas tempranas puede suceder en casa. “Cuando se habla de la prevención de las conductas suicidas, es importante identificar que aquel que emprende acciones para acabar con su vida o que manifiesta la pretensión de hacerlo, no quiere realmente quitarse la vida, lo que busca es dar fin a una situación que le está generando malestar o sufrimiento”, explica la directora.
Involucrar a los padres como estrategia eficaz
Si bien en todos los casos es importante que la familia acompañe, en la atención y manejo de la conducta suicida en población infanto-juvenil, se hace relevante que las personas que están alrededor, sean acompañantes. “Los padres y el entorno protector deben simpatizar y empatizar con la situación que está viviendo la persona”, señala la experta Mejía y señala acciones donde los padres pueden ser trascendentales a la hora de prevenir conductas suicidas en los menores:
– Madres, padres y/o cuidadores pueden ser promotores de la consulta psicológica.
– Identificar las acciones que requieren atención (tristeza profunda y depresión).
– Normalizar las visitas a terapia; no se va al psicólogo porque la persona está loca.
– Trabajar desde la empatía y abonar a la autoestima.
– Fortalecer las estrategias de afrontamiento de situaciones en niños, niñas y adolescentes.
– Simpatizar y empatizar con la situación que está viviendo esta persona.
– Propiciar la atención psicológica e involucrarse en el proceso.
– Hablar de resiliencia es importante, quitarse la vida no es una alternativa.
Aportes desde la academia
El programa de Psicología de Areandina, como estrategia de proyección social, cuenta con un plan de formación en atención y manejo de la conducta suicida en población infanto-juvenil para el departamento del Cesar, lo que para la psicóloga Mejía, “esta propuesta nace como respuesta a las cifras que se han venido reportando en los últimos tres años con relación al aumento de casos, tanto de intento suicida como de acción suicida manifiesta o casos consumados de suicidio en población infantil, adolescente y con edades en un rango cada vez menor”.
La docente explica que en la primera etapa de implementación de talleres se aborda la conceptualización de la conducta suicida y el papel de la familia en su prevención relacionado con conducta, manifestaciones, factores de riesgo e involucramiento de los padres de familia o red de apoyo, estrategias básicas de intervención en la conducta suicida, donde se enseña cómo activar una ruta de acompañamiento para los casos que se reportan y cómo se puede hacer una intervención en crisis, prestando los primeros auxilios psicológicos aun cuando no sea psicólogo.

