Calixto Ochoa desde Valencia de Jesús, ‘Todo es para tí’

 

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

 

El polifacético acordeonero, cantautor y Rey Vallenato Calixto Antonio Ochoa Campo, quien nació el 14 de agosto de 1934, sobresalió en el folclor quedando su nombre enmarcado en ‘Los sabanales’ hasta encerrar en su pensamiento cientos de canciones estructuradas con un estilo propio lleno de amores y esa sapiencia que hasta sus últimos días supo cultivar. Es así como quedaron inéditos dos cantos jocosos, ‘La araña’ y ‘Qué me calle la boca’.

Era tanto su talento para componer siendo difícil desglosarlo en pocas líneas porque aparecen hechos, lugares, mujeres con nombres propios y ese amor al terruño que se sembró en su corazón. Siempre en cada diálogo lo recordaba citando calles, nombres de sus paisanos y todos los recuerdos juntos. Incluso, la historia de los altares de Valencia, teniendo como protagonista al sacerdote conocido como el Padre Pachito.

La genialidad del juglar lo llevó a definirse en un verso. “Como no la tengo escrita, les voy a contar señores, a contar mi biografía desde niño hasta esta parte. Soy hijo de gente pobre, honrada y trabajadora, y así luchando la vida me levantaron mis padres”.

También con el corazón en la mano cantó. “Yo recuerdo que mi madre cuando yo estaba pequeño con sus trajecitos viejos me hacía mis pantaloncitos, cumpliendo con su deber pasando miles tormentos, y así me fue levantando hasta que fui un hombrecito. Que así es la vida y que vamos a hacer, luchar y ser del buen corazón no se imaginan hoy los que me ven lo que luché para ser lo que soy”.

Para enamorar era un dechado de virtudes basando la filosofía del amor en nunca prometer nada, pero si recorrer el mundo agarrado de su mano produciendo cantos llenos de besos sin palabras. Es así como en ‘Solo para ti, hizo alarde de su sabiduría natural y confesó. “Muchacha deja esos pensamientos que a ti te matan, que se me quiere partir el alma cuando te miro. Yo soy tu sombra, soy tu calor, soy tu esperanza, por eso cada paso que doy estar contigo”.

No contento con lo anterior declaró desde su corazón conectado directamente con el alma. “Yo a ti te juro por mi mamá que te quiero mucho, y se equivoca el que esté pensando que no es así. Yo ya no puedo olvidarte a ti ni por un minuto, y lo que pasa es que ya no puedo vivir sin ti”.

En otro episodio de sus composiciones hizo un repaso entre dos momentos de la vida humana, haciendo una fabulosa descripción. “Si la vida fuera estable todo el tiempo, yo no bebería ni malgastaría la plata, pero me doy cuenta que la vida es un sueño, y antes de morir es mejor aprovecharla”.

En cierta ocasión como cualquier sicólogo de pueblo, se puso a pensar en las vueltas de la vida, esas que nunca se quedan quietas, así el mar del olvido o las alegrías efímeras se unan al silencio del recuerdo cuando los años van diciendo adiós. “Yo no me siento tan joven pero muy viejo tampoco, y ahora es cuando más disfruto de lo que a mí me domina, porque cuando ya no pueda viviré con el consuelo que un tiempo disfruté de las cosas de la vida”.

Rey Vallenato

Calixto Ochoa fue la estampa del hombre trabajador y que supo en el momento justo dedicarse a componer para dejar huellas que marcaron su historia musical. Entre esas facetas se presentó un hecho que lo catapultó hace 56 años cuando se coronó como Rey del Festival de la Leyenda Vallenata, presentando sus propios cantos. El Paseo, ‘Muñequita linda’; el merengue, ‘Palomita volantona’; el son, ‘La interiorana’ y la puya, ‘Puya regional’. Lo acompañaron en la caja Olimpo Beltrán Peñate y en la guacharaca, Eliécer Amado Ochoa Herrera. La mesa de jurados estuvo integrada por Enrique Castro Palmera, Pedro Peralta, Darío Pavajeau Molina, Víctor Julio Hinojosa y Lácides Daza. Esa vez recibió como premio 10 mil pesos y se compró un reloj marca Ferrocarril de Antioquia.

De igual manera, una estudiosa del folclor vallenato como Consuelo Araujonoguera, hace muchos años lo definió maravillosamente. “Calixto Ochoa es extraordinario, es el representante de la clase vallenata que tiene sabor a tierra, a boñiga, ganado, campo, trabajo, sudor y esfuerzo. Yo, diría que Calixto Ochoa, es lo más auténtico dentro de la música vallenata”.

Calixto Ochoa se paseó por todos los rincones del amor donde la mujer es el adorno de la vida, dejando un concepto que nunca pierde su valor. “La mujer marca la vida de todo hombre porque es la diosa del amor. Ya lo dije que una casa sin mujer, no es más que un infierno y añado, una casa sin mujer es como un velorio sin gente”.

Escultura de Calixto

‘El negro Cali’, hijo de Cesar Salomón Ochoa López y María Jesús Campo Pertuz, era el hombre de la lengua activa flotando en distintos sentimientos, el del ingenio popular, el compositor versátil que se paseó orondamente por los oídos del mundo vallenato, sabiendo darle el toque preciso a su sincero amor al folclor.

Por estos días, es noticia cuando la Alcaldía de Valledupar a través del artista plástico Jhon Peñaloza Almanza, instaló en su pueblo Valencia de Jesús, una escultura para rendirle el más grande homenaje por su grandiosa gesta folclórica y musical. Más que merecido este homenaje que marca la vida de un hombre íntegro, ejemplar y con todos los pergaminos. Entonces, llegan justas las palabras de Luis Francisco ‘Geño’ Mendoza. “De Calixto no hay que hablar, su talento es conocido”.