Más que una reina: El legado de Josefina Castro Daza

 

Valledupar llora la partida de Josefina Castro Daza, una mujer cuya vida fue un vibrante tapiz tejido con los hilos de la cultura, la belleza, y una incansable defensa del medio ambiente. A sus 69 años, Josefina sucumbió a una batalla de dos años contra el cáncer, dejando un legado que trasciende. Su hermano, Juan Manuel Castro Daza, describe su muerte como un “alivio” tras un largo sufrimiento, aunque el dolor de la pérdida es innegable para la familia y amigos que la recuerdan con profunda admiración.

Josefina, hija de Rosalía Daza y el reconocido político, escritor y ganadero José Guillermo “Pepe” Castro, nació en Valledupar, heredando la pasión por la comunidad y la sociabilidad de su padre, quien la mimó como la única mujer del hogar. Sus hermanos la recuerdan como una mujer de alegría desbordante y optimismo contagioso, una chispa que iluminaba cada espacio que habitaba. Esta energía vital la llevó a representar al Cesar en el Reinado Nacional de Belleza de 1973, a la edad de 18 años, donde cautivó no solo por su belleza, sino por su carisma y vitalidad, ganándose el título de «Reina de los Fotógrafos».

Su pasión por la cultura la llevó más allá de las pasarelas. Tras un periodo de estudios de idiomas en Estados Unidos, Josefina regresó a Colombia para desempeñar diversos cargos en el sector público, incluyendo una destacada labor en el Ministerio de Cultura bajo la dirección de Consuelo Araújo, quien reconoció su talento y la invitó a formar parte de su equipo. Su compromiso con la cultura colombiana la llevó incluso a ocupar el cargo de Agregada Cultural en la Embajada de Colombia en Perú, donde promovió el intercambio cultural entre ambos países, dejando una huella imborrable en la comunidad colombiana en Lima.

Pero la influencia de Josefina no se limitó al ámbito cultural. Su compromiso con el medio ambiente la llevó a liderar proyectos de recuperación ecológica, como la revitalización de la Quebrada La Vieja en Bogotá, un testimonio de su profunda conexión con la naturaleza. Este compromiso se reflejó también en su visión empresarial, al fundar Casa Rosalía, un hotel boutique en Valledupar que se convirtió en un espacio donde la cultura y la naturaleza se fusionaban, un santuario de recuerdos familiares donde recibía a sus huéspedes con la misma calidez y pasión que la caracterizaba.

La muerte de Josefina deja un vacío irreparable en su familia, especialmente en su esposo Jaime Palmera, y en todos aquellos que tuvieron el privilegio de conocerla. Su legado, sin embargo, perdura en la memoria colectiva de Valledupar y en las iniciativas que impulsó, un testimonio de una vida dedicada a la belleza, la cultura, y la preservación del medio ambiente. Las exequias se realizaron en la Catedral Ecce Homo de Valledupar, donde familiares, amigos y admiradores se despidieron de esta destacada mujer, dejando sus restos en el Cementerio Central de la ciudad. Su partida marca el fin de una era, pero su espíritu, vibrante y lleno de vida, seguirá inspirando a las generaciones futuras.