Pese al dolor por la desaparición de Lucas, hoy Grimalda se siente aliviada tras recibir el cuerpo
El día que Lucas Rafael fue amarrado y desaparecido de la presencia de su familia, se desplazaba en una motocicleta acompañado de su compañera Grimalda. La parcela donde la pareja cultivaba alimentos de pancoger y criaban animales de patio está ubicada en un recodo de la Serranía del Perijá, zona rural del municipio de Becerril, en el Cesar. Ese día Grimalda, impactada por lo que acababa de ocurrir, corrió varias horas por un camino de piedras, bajo una leve llovizna, descalza y llorando en busca de ayuda.
Normalmente, Lucas Rafael y Grimalda acostumbraban a desplazarse bien temprano para llegar a la parcela con la fresca de la mañana y así les rindiera el trabajo: limpiar los cultivos, alimentar los animales, rozar los sembrados, plantar nuevas semillas y, en la tarde, volver nuevamente a Becerril. Por algún motivo, la pareja retrasó el viaje ese día. «Ya había amanecido cuando llegamos al portón por donde se entra a varias parcelas, nos encontramos con gente rara que nunca habíamos visto. Tenían las caras tapadas y estaban armados, nos bajaron de la moto, nos quitan las llaves y nos dijeron que camináramos adelante», relató Grimalda con una expresión inmóvil y el pensamiento lejano.
El conflicto armado se había apoderado en 2003 de una extensa zona de la Serranía del Perijá, causando afectaciones muy fuertes a las comunidades rurales de los municipios de Agustín Codazzi, Becerril, La Jagua de Ibirico, Curumaní, Pailitas y Pelaya, corredor montañoso catalogado como una despensa agrícola para el departamento por la productividad de los suelos y la variada vegetación.

«Cuando llegamos a la parcela, había más gente de esa misma, ya se nos habían llevado todos los animales, habían arrasado con los cultivos y revolvieron todo dentro de la casa. Empezaron a preguntar: ‘¡¿dónde están las armas?!’. Nosotros, asustado, les decíamos que no tenemos armas. Fue entonces cuando amarraron a Lucas Rafael. A mí me encerraron en un baño en la parte trasera de la casa y sentí sonidos de motocicletas. Al rato, se acercó alguien y le quitó el cerrojo a la puerta y me dijo: ‘No vaya a salir, espere 10 minutos’. Sentí que salió corriendo, yo no esperé y salí, pero ya no estaba Lucas Rafael» puntualizó Grimalda, aún atemorizada por su relato.
Luego de la desaparición de Lucas Rafael, Grimalda emprendió la búsqueda empírica. En algunas ocasiones, acompañada de sus hijos, que para ese entonces eran menores de edad. «Me llegaban con comentarios que lo habían matado y lo habían enterrado arriba de la montaña. Yo iba y cavaba, pero no encontraba nada. Así anduve por un tiempo: donde me decían, iba y en ningún sitio encontraba», manifestó.
“La situación era muy dura, porque esa gente no se fue, se quedaron haciendo daño, se robaban los animales, el ganado, los cultivos, todo, a varias familias de las que vivíamos allá se nos llevaron a nuestros familiares, los niños se criaron sin papás y entre nosotras nos compartíamos lo que conseguíamos para darles comida”, explica Grimalda.

Las dinámicas del conflicto armado en la ruralidad colombiana, les mostró un esquema a los investigadores humanitarios de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas UBPD, para documentar los hechos, dada la similitud en los patrones de desaparición, los relatos que reciben de los aportantes de información son repetitivos, siempre se llevan a los varones de la casa, padres, hijos mayores, esposos y son las mujeres quienes en medio de la desesperanza y el dolor, deben emprender el proceso de búsqueda manual, a la vez que deben continuar con las labores del campo para conseguir el sustento para mantener el hogar.
El universo de personas desaparecidas, según la Unidad de Búsqueda, asciende a 126.895. De esta cifra, hay 41.293 solicitudes de búsqueda: cerca de 25.000 son mujeres, madres, esposas, hijas, hermanas, tías, sobrinas y primas. Investigadores humanitarios que atienden el Plan Regional de Búsqueda Centro del Cesar recibieron la solicitud de búsqueda de Lucas Rafael, asociada a otra solicitud en la que venían adelantando investigación en la misma zona, esto les permitió reforzar el trabajo que cuenta con una hipótesis de más de cinco cuerpos en predios circunvecinos.
Meses después de la recepción de la solicitud de búsqueda y del proceso humanitario y extrajudicial de la UBPD, en donde lastimosamente no se encontró en primera instancia, fueron alertados por un trabajador que mientras desarrollaba sus labores de campo se encontró con algunas estructuras óseas, lo que se denomina un hallazgo fortuito. Los investigadores de la Unidad de Búsqueda procedieron de inmediato a atender el llamado y a recuperar el cuerpo que se presumía podría ser de Lucas Rafael, identidad que posteriormente fue confirmada por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses.

Después de 22 años de la desaparición de Lucas Rafael, en un día lluvioso, bajo el cielo becerrilero y rodeado de su extensa familia, Grimalda recibió el cuerpo de su compañero en un cofre. Aunque lloró, igual que aquella mañana donde también sintió un vacío en su corazón, ella manifestó: «Agradezco el trabajo de la Unidad de Búsqueda por haber encontrado el cuerpo de Lucas Rafael y permitirnos enterrarlo dignamente, con flores y acompañado de toda la familia, con alabanzas a Dios por su alma. Esto nos consuela y nos da paz».

