Mary Saurith de Ortega: El último compás de una guardiana de la estirpe
Por: Yarime Lobo Baute
Hay vacíos que no se llenan con silencio, sino con el eco de una danza que se resiste a terminar. Valledupar ha despedido, en la solemnidad de un Domingo de Ramos, a Mary Candelaria Saurith Ribón de Ortega. Para muchos, era la organizadora implacable del Festival; para mí, era la brújula, la amiga y la maestra que entendió que la cultura no es un accesorio, sino la columna vertebral de un pueblo.

Nuestra unión nació bajo el palio de la Sagrada Familia. Como exalumnas de distintas generaciones -ella de la mítica promoción del 65 y yo del 89, compartíamos un ADN común: esa vocación franciscana que nos enseñó a amar la creación en sus formas más sencillas.
Mary no solo profesaba la fe; la ejercía. Su paso por la Cruz Roja y su entrega desinteresada en la Red Colsafa fueron el reflejo de un espíritu que encontró en el servicio su mayor recompensa.
Llegó a estas tierras en 1952, desplazada por los vientos aciagos de la violencia, pero Valledupar no fue para ella un refugio pasajero, sino su destino manifiesto. Aquí formó su hogar junto a Rodolfo Ortega Montero y crió a sus hijos: María Isabel, María Carolina y Carlos Rodolfo, bajo los valores de la excelencia y el arraigo.
Pero Mary era, además, una mujer de mundo y academia: desde sus estudios de Sociología hasta sus diplomados en la Universidad de Salamanca, donde absorbió la esencia del arte plateresco para luego aplicarla a la estética de nuestras propias tradiciones.
Durante más de 30 años, Mary fue la guardiana del Desfile de Piloneras. No era una simple coordinadora; era la centinela de la autenticidad. Vigilaba que cada paso, cada falda y cada canto respetaran la raíz de un baile que simboliza el amor y el trabajo del viejo Valledupar.

Su deleite en las exposiciones de EmPoderArte y su participación activa en la Fundación AVIVA demostraban que su curiosidad intelectual no tenía fecha de vencimiento.
Para mí, Mary fue el apoyo incondicional en cada quijotada artística. Estuvo presente en mis emprendimientos, en mis obras sociales y en esa labor de Vigías del Patrimonio que tanto nos apasionaba.
La imagen de Mary, con su elegancia natural, pintando muros en la Cárcel Judicial para el proyecto «Alas de Libertad» o participando en las intervenciones de Acupuntura Macondiana, queda grabada como la definición más pura de liderazgo cultural: aquel que no teme untarse las manos de color para transformar el gris de la ciudad.
Hoy, mientras la despedimos, nos queda el consuelo de su obra. Sus calendarios que rescatan la memoria de nuestros maestros, sus novenas pedagógicas para niños y ese mural imponente de las etnias de la Sierra Nevada son hitos que el tiempo no podrá borrar.
Mary es la gran homenajeada de nuestra quinta puesta en escena del baile de Piloneras, y su ausencia física será compensada con una exposición de sus amados disfraces, esas «El Manifiesto de Mary Saurith» que ella lucía cada octubre para recordarnos que la vida es, ante todo, una representación sagrada.

Siguiendo el pensamiento de nuestro padre San Francisco, hoy no le tememos a la partida de Mary. Como él decía: «Es muriendo como se nace a la Vida Eterna». Ella no se lleva nada de lo que recibió, pero nos deja todo lo que dio, que fue infinito. Se va una pilonera veterana, una jurado justa y una promotora incansable.
Descansa en paz, Mary. Tu nombre queda escrito con letras de oro en el patrimonio del Cesar. Yo seguiré aquí, custodiando tus sueños y pintando los horizontes que juntas trazamos, sintiendo tu guía en cada golpe de pilón que retumbe en el valle.
Yarime Lobo Baute
Artista | Arquitecta | Artista
Mujer Cafam Cesar 2022
Vigia de Patrimonio

