ArtVA: Red de Mundos Próximos – Tinto Sagrado de Gratitud
Por: Yarime Lobo Baute
Querido Julián Gómez Marbello,
Cuando tus palabras llegaron a mí a través de Mil Inviernos, sentí que un hechizo suave se desplegaba sobre el lienzo de mi memoria. Fue como si hubieras tomado mis pinceles invisibles y, con la tinta de tu pluma, hubieras revelado los colores ocultos que durante meses fuimos hilando en silencio: rojos apasionados, magentas rebeldes, azules profundos como el río Guatapurí en noche de luna.
Tus líneas me llegaron calientes, como un tinto de verano colado en olla de barro, con ese aroma a tierra mojada y conversaciones que no terminan. Gracias por este paseo encantado por ArtVa 2025, por detenerte en los susurros que a veces, desde el torbellino creativo, se nos escapan entre dedos llenos de pintura.

Me estremeció especialmente que nombraras esa pausa sagrada “entre los mares de Elsa Palmera y Las Cabañuelas del Guatapurí ” mías. Esa sala, “Mundos Próximos en femenino”, la curé con el alma abierta como una flor de cayena al sol, en el marco del quinto EmpoderArte —esa apuesta itinerante de la red Colsafa / Obras Son Amores, organización acreditada como Vigías del Patrimonio por el Ministerio de Cultura—.
Allí tejí hilos invisibles con mujeres de fuerza ancestral: Elsa Palmera, con sus mares que huelen a sal y carnaval de colores eternos; Shirley Cabana, que pinta la memoria del sagrado femenino como quien borda mantas wayuu; Marianne Sagbinni, cuya luz atraviesa el lienzo como rayos de esperanza en medio de la violencia y la pobreza; Norelys Jiménez, guardiana que con su cámara obtura las miradas de la infancia y la mujer transmitiendo mensajes ancestrales olvidados; y la joven María Rios, cuya primera exposición junto a consagradas fue como ver brotar un cayeno nuevo en tierra fértil, tembloroso pero lleno de promesa. Sus obras son mares que predicen el poder que reside en el afuera y el adentro al unificarse, lluvias de empoderamiento, acuarelas que anuncian tormentas de libertad, redes ancestrales que atrapan sueños y los devuelven transformados en color vivo.
Fue un ritual de sororidad compartir paredes con ellas, dejar que sus voces —potentes, necesarias, mágicas— resonaran en los callejones del viejo Valledupar, donde las casas coloniales parecen susurrar secretos a quien sabe escuchar en especial esa hermosa casona bien llamada Casa de Encuentros.
A Tannia Durán —palabra hecha acción, agudeza envuelta en coherencia— y a César González —pasión desmedida, entrega que no conoce fronteras— les debo un agradecimiento que bien saben ellos que no cabe en palabras.
ArtVa son ellos y dos patas más que hacen andar este trípode encantado: Juan Carlos Quintero Castro, visión y alta gerencia, un Medicis que cual juglar florece en los desiertos institucionales de nuestro Macondo caribeño, sembrando arte donde otros solo ven arena; y Leonor Dangond Castro, literatura convertida en museo vivo, cuya esencia se guarda en las mucurales ancestrales como quien guarda fuego sagrado.
Su compromiso es el latido silencioso que sostiene todo: gestión incansable, amor profundo por lo nuestro, incluso cuando los recursos escasean y el apoyo oficial solo aparece en fotografías. Juntos tejen estos mundos próximos con la misma terquedad con que las mujeres arhuacas y wayuu tejen sus mochilas: hilo a hilo, sueño a sueño, resistencia a resistencia.
ArtVa no es mera feria: es conjuro colectivo, acto de magia resistente en medio de la indiferencia, un círculo sagrado donde los mundos próximos —del Caribe profundo, de las mujeres que no callan, de emergentes y maestros— se abrazan y se reconocen en un mismo latido.
Más de 2500 almas pasaron por nuestras salas satelitales, y en sus ojos vi reflejarse el asombro: niños que tocaban por primera vez un lienzo como quien toca un sueño, abuelas que reconocían en los colores sus propias memorias, jóvenes que salían transformados, llevando en el pecho una semilla de posibilidad.
Gracias, Julián, por recordarnos aquella pregunta que surgió tras tus tragos de Old Parr: ¿y para qué estas cosas, y para qué el arte? El arte es el conjuro que nos mantiene vivos, el puente entre lo visible y lo invisible, el color que no pide permiso para existir.
Es para seguir soñando despiertos, para seguir tejiendo mundos donde quepamos todas y todos, con nuestras heridas y nuestras alas.
Con un abrazo bañado de magenta eterno, verde esperanza y rojo pasión,
Yarime Lobo Baute
Artista, Arquitecta, curadora, escritora.

