El mundo ya no será igual

POR OSCAR MARTÍNEZ ORTIZ
Después de esta tragedia que vive la humanidad, por efectos del coronavirus, es claro que todo va a cambiar. Desde las ciudades, los departamentos, las regiones, los paises y el mundo en general se  experimentarán cambios en todos los sentidos.
El panorama que se ve venir plantea una serie de incógnitas que deberán resolverse en su debido momento. Es ahí donde los distintos estamentos de Colombia y sus regiones tendrán que emplearse a fondo, eso es clave, la historia de catástrofes ocurridas en nuestro país así lo demuestra.
Lo primero que se evidenciará será la demanda del nuevo mercado de bienes y servicios  tanto en Colombia como en el mundo.  Las regiones y los países que logren anticiparse y se preparen para satisfacer las necesidades proritarias del nuevo orden local, nacional y mundial serán las llamadas a liderar los procesos de transformación que se avecinan.
Colombia deberá tener claro cuál es la nueva industria que se impondrá y así definir cuáles son los productos, bienes y servicios en los que este país es fuerte y que el Estado tendrá que impulsar para dinamizar la economía nacional de cara al mundo pero gararantizando el fortalecimiento de los sectores económicos de su propio entorno.
Para utilizar una palabra de moda, Colombia tendrá que reinventarse, en ese propósito, además del gobierno de turno, será fundamental el rol de los medios de comunicación, la clase política, la iglesia, los sectores académicos, productivos, empresariales, turísticos, ambientalistas,  entre otros.
No sería descabellado hablar entonces de la recomposición del Estado, de la familia como base de la sociedad en atención a  que la idiosincracia de la mayoría de los pueblos se verá alterada en forma significativa, ello obliga al país nacional a pensar y definir cuáles han de ser las grandes y principales transformaciones que se requieren para sobreponerse a la actual tragedia.
Será muy necesario repensar la dinámica productiva del sector rural en articulación con la economía urbana, eso permitiría redescubrir la nueva vocación económica y de emprendimiento de Colombia a la luz de la realidad geopolítica.
Esa recomposición permite cavilar sobre la eventualidad de crear nuevos ministerios públicos y de la necesidad de eliminar o modificar algunos de los ya existentes. Las políticas de Estado tendrán que replantearse para que estén acorde con las prioridades de la nueva Colombia que nos dejará esta pandemia.
Los pueblos, la familia al interior de sus hogares sufrirán cambios por aquello de la fuerza de la costumbre, el nuevo modus vivendis que demandan los controles frente a la propagación del virus muchas secuelas dejará, unas positivas y otras no tanto. Lo cierto es que ya nada será igual.
Es probable que, para quienes no han logrado dimensionar en su totalidad el tema del coronavirus, estos planteamientos podrían resultar un tanto exagerados o alarmistas, pero es preciso revisar la historia y analizar las antiguas tragedias del país, bien sea por las guerras civiles o por cualquier otra causa, todas modificaron de una u otra forma el rumbo de los colombianos. ¿Por qué éste no habría de hacerlo?
Para citar un ejemplo concreto,  sólo hay que recordar la Guerra de los Mil Días, donde murió cerca del 2,5 por ciento de la población colombiana, superar eso equirió de todo un proceso de transformación.
Y sí, en este caso nos podemos otorgar licencia para ser alarmista, el mundo lo ha entendido así, Colombia no puede ser la excepción y es por ello que expertos en economía, mediante la firma McKinsey, acaban de diseñar una matriz dinámica que explica “cómo reiniciar las economías nacionales”, la cual es aplicable en cualquier parte del mundo. Es urgente comenzar a dar los primeros pasos.